Historia de Buenavista de Cuéllar: origen del pueblo

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La historia de Buenavista de Cuéllar se remonta a los antiguos caminos que unieron Tlaxmalac, Coxcatlán y los cerros donde los primeros grupos se asentaron buscando refugio, fe y un rumbo seguro. Este recorrido marcó el origen del pueblo y su identidad regional.

Historia de Buenavista de Cuéllar y los primeros rumbos

Antes de convertirse en el municipio que hoy conocemos, Buenavista de Cuéllar era parte de una red de rutas antiguas que conectaban comunidades indígenas y señoríos como Tlaxmalac, Tlamacazapa y los rumbos del norte guerrerense. Por estos caminos avanzaron frailes franciscanos, colonos españoles y familias desplazadas que buscaban seguridad en tiempos donde la cosa se ponía dura, sin aviso y sin tregua.

Mientras en los cerros de Los Coyotes y Tlachichilpan los españoles intentaban controlar el territorio con vigilancia, fundiciones y los primeros trazos del acueducto, otros hechos se movían a tiro en la región. Los franciscanos, aferrados a su misión evangelizadora, siguieron el rumbo hacia Tlaxmalac, donde las tensiones internas ya hervían desde antes de su llegada. Ese choque de intereses terminaría desencadenando un éxodo que marcaría la historia regional.

Asentamientos tempranos en Buenavista de Cuéllar

Cuando una de las facciones indígenas de Tlaxmalac perdió poder dentro del señorío, tuvo que abandonar el territorio casi a la fuerza. Acompañados por frailes y algunos colonos, avanzaron por la zona buscando un sitio donde echar raíces. Su primer respiro fue en un paraje que después sería conocido como Pueblo Viejo, camino hacia Cieneguillas, donde levantaron una pequeña ermita dedicada a San Miguel Arcángel, símbolo de protección y aguante para quienes andaban cargando la vida a cuestas.

Pero… la calma duró poco. Las tensiones de Tlaxmalac volvieron a alcanzarlos, obligándolos a marcharse otra vez. El grupo tomó rumbo a Cerro Alto, un sitio que parecía prometedor, pero la inseguridad y el miedo a nuevos ataques les impidió establecerse por completo. La banda tuvo que seguir, puro pa’lante, por una cañada profunda que los llevaba hacia Tlamacazapa. El camino era pesado y lleno de incertidumbre.

En esa cañada, varias familias ya no quisieron continuar. Cansadas, temerosas o simplemente necesitadas de un hogar fijo, se negaron a seguir avanzando. Fue ahí donde tomaron una decisión clave que marcaría el rumbo de Buenavista para siempre.

Coxcatlán y su papel clave en Buenavista de Cuéllar

Los desplazados decidieron asentarse en un sitio conocido por sus cuevas naturales: Coxcatlán. Ahí, junto con los franciscanos, levantaron una capilla abierta dedicada nuevamente a San Miguel Arcángel. Ese templo improvisado no solo les dio refugio espiritual, también se convirtió en el corazón del futuro poblado.

Con el tiempo surgieron la nave principal, la torre y el complejo religioso que consolidaría a Coxcatlán como un núcleo estable, algo que no se logró en los primeros asentamientos de Los Coyotes. La presencia constante de frailes, el crecimiento de las familias provenientes de Tlaxmalac y la organización comunitaria permitieron que Coxcatlán se fortaleciera como un punto clave de la región.

Registros antiguos muestran cómo este asentamiento administró amplias zonas y generó documentación fundamental para entender el origen de Buenavista de Cuéllar. El pueblo no nació de golpe: nació caminando, resistiendo y rehaciendo su hogar una y otra vez.

Conexiones regionales entre Tlaxmalac y Buenavista de Cuéllar

La historia de Buenavista de Cuéllar no puede separarse de Tlaxmalac. Los caminos prehispánicos que conectaban ambos territorios funcionaron como arterias de intercambio cultural, religioso y social. Las rutas hacia Tlamacazapa, las cañadas profundas y los cerros que rodean la región formaron una red que mantuvo viva la comunicación entre asentamientos.

A través de estos trayectos se movieron no solo personas, sino ideas, prácticas religiosas, modos de vida y decisiones que influyeron directamente en el surgimiento del pueblo. Y aunque hoy parezcan caminos olvidados, siguen marcando el pulso de la identidad local.

La gente de Buenavista de Cuéllar sabe que su historia nació a base de pasos firmes, de no rajarse y de aprender a reconstruirse. Esas rutas antiguas siguen vivas en la memoria del pueblo, recordando que aquí siempre se camina con el corazón adelante.

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