Atenango del Río acuerda paz territorial tras 90 años
Tras más de 90 años de tensión por tierras en disputa, el conflicto limítrofe Coaxitlán Teocalcingo fue finalmente desactivado mediante diálogo directo entre autoridades y comunidades de Tlaquiltenango, Morelos, y Atenango del Río, Guerrero, evitando nuevos hechos de violencia y garantizando obras públicas para ambas partes.
Más de nueve décadas de disputa territorial
El conflicto entre la comunidad de Coaxitlán, en el municipio de Tlaquiltenango, y San Juan Teocalcingo, perteneciente a Atenango del Río, se arrastraba desde hace más de 92 años por la tenencia de 106 hectáreas en disputa, una franja agrícola clave para ambas poblaciones.
De acuerdo con datos oficiales, el Tribunal Unitario Agrario resolvió en julio pasado que dichas tierras corresponden jurídicamente al estado de Guerrero, fallo que detonó inconformidad entre vecinos de Coaxitlán, quienes por décadas sembraron en esos terrenos y ahí construyeron una clínica comunitaria y el panteón local.
Fallo agrario y omisiones del pasado
El presidente municipal de Tlaquiltenango, Enrique Alonso Plascencia, señaló que la pérdida del territorio se originó por la falta de defensa legal en administraciones anteriores.
“Se perdieron 106 hectáreas porque en el periodo del gobierno de Cuauhtémoc Blanco fueron omisos en los trámites jurídicos. Guerrero gana ese territorio y los compañeros están en su derecho de reclamarlo”, expresó el edil.
Este antecedente provocó un ambiente de alta tensión social, con registros de amenazas, cierres carreteros y hasta privaciones ilegales de la libertad en años previos, según archivos federales.
Clínica y panteón, el punto más delicado
El momento más crítico surgió cuando se confirmó que la clínica y el panteón de Coaxitlán quedaron formalmente dentro del territorio guerrerense. La reacción fue inmediata.
“La gente quería hasta darse con los balazos. De un lado decían que sacaran a sus muertos porque ahora esto es Guerrero”, relató Alonso Plascencia, evidenciando la gravedad del escenario.
La posibilidad de un nuevo enfrentamiento armado encendió alertas en ambos municipios, particularmente en comunidades rurales que ya habían sufrido violencia en administraciones pasadas.
Diálogo directo entre municipios vecinos
Ante la escalada, el alcalde tlahuica buscó a su homólogo de Atenango del Río, Emmanuel Guevara Cárdenas, para abrir una ruta de entendimiento.
“Le dije: cómo le hacemos para que esto no vuelva a acabar en balazos, secuestros y golpes como antes. No podíamos permitirlo otra vez”, narró.
A partir de ese encuentro, se establecieron mesas comunitarias con habitantes de San Juan Teocalcingo y Coaxitlán, donde se priorizó la paz social por encima de la confrontación territorial.
Acuerdos y obras para la paz
El acuerdo central reconoce el uso comunitario de la clínica y el panteón de Coaxitlán, a pesar de estar en suelo guerrerense, a cambio de gestionar obras públicas y apoyos sociales para ambas localidades.
El edil de Tlaquiltenango confirmó que ya se firmó el primer convenio y que hubo respaldo institucional, incluida la gestión ante la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado Pineda, para acompañar el proceso.
“El conflicto está cien por ciento erradicado. Ya no hay pleito, ya somos hermanos”, afirmó Alonso Plascencia.
La resolución del conflicto limítrofe Coaxitlán Teocalcingo demuestra que, incluso tras décadas de abandono institucional y violencia latente, el diálogo comunitario puede más que las balas. En la frontera Morelos-Guerrero, hoy la paz va puro pa’lante.
