Desastres naturales en Guerrero y un gobierno rebasado

El sismo en Guerrero de enero de 2026 volvió a sacudir no sólo la tierra, sino la memoria colectiva de un estado golpeado por desastres naturales y por la incapacidad de sus autoridades para prevenir, reaccionar y proteger a la población cuando más lo necesita.
Un sismo somero que estremeció la costa
El pasado viernes 2 de enero, un sismo con epicentro en San Marcos volvió a encender las alarmas en el estado. El movimiento telúrico provocó severas afectaciones locales, entre ellas la pérdida de los 74 hornos de adobe donde se elaboraba pan tradicional para turistas, uno de los principales sustentos económicos del municipio costero, ubicado a apenas 30 kilómetros de Acapulco y muy cerca de la zona turística de Playa Diamante.
La cercanía explicó por qué el temblor se sintió con fuerza en el puerto y, aunque con menor intensidad, también en la Ciudad de México.
Falta de reacción del gobierno estatal
Tras el sismo, la gobernadora Evelyn Salgado no acudió de inmediato a la zona afectada ni encabezó una coordinación visible con su gabinete. La ausencia de reacción evidenció, una vez más, que su administración no ha aprendido de los múltiples desastres naturales enfrentados durante su gestión.
Guerrero vive con la constante amenaza de otro sismo, huracán o tormenta, pero el gobierno estatal parece no asumir que la prevención y la planeación son tareas permanentes, no reacciones improvisadas.
La explicación científica del fenómeno
Para entender la magnitud del evento, se consultó al doctor Leonardo Ramírez Guzmán, coordinador de Ingeniería Sismológica del Instituto de Ingeniería de la UNAM. El especialista explicó que se trató de un sismo de tipo inverso, característico de la costa de Guerrero, asociado a la subducción de la placa de Cocos bajo la placa Norteamericana.
La particularidad fue su poca profundidad, estimada en apenas cinco kilómetros, lo que provocó un movimiento más intenso en la superficie. “Fue un levantón”, describieron habitantes cercanos al epicentro. Aunque no liberó energía suficiente para descartar futuros eventos mayores, confirmó que las réplicas eran normales y esperables.
Alarmas que no alarman en Acapulco
El miedo también se reavivó en Acapulco, donde el sistema de alarmas sísmicas, presumido por la alcaldesa Abelina López Rodríguez, simplemente no funcionó. El municipio destinó alrededor de 3.5 millones de pesos para la compra e instalación de 13 bocinas y estaciones de monitoreo que, cuando más se necesitaron, no emitieron ninguna alerta.
La falla no es menor: en una ciudad devastada por el huracán Otis en octubre de 2023, invertir recursos públicos en equipos que no sirven es una forma de negligencia institucional.
Guerrero, una emergencia permanente
Sismos, tormentas tropicales, ciclones, huracanes y violencia criminal conviven en Guerrero. Municipios como Chilpancingo, Coyuca de Benítez, Tecpan, Taxco e Iguala enfrentan cada temporada lluviosa inundaciones, deslaves y pérdida de cosechas.
El huracán Otis, que pasó de tormenta tropical a categoría 5 en cuestión de horas, dejó a Acapulco incomunicado y devastado. Y cuando los desastres se acumulan, el daño se multiplica.
Guerrero no puede cambiar su ubicación geográfica, pero sí puede cambiar la forma en que se prepara. La prevención, la planeación y un trabajo serio de Protección Civil pueden evitar que los desastres naturales sigan convirtiéndose, una y otra vez, en tragedias humanas anunciadas.
