Zócalo de Iguala sigue siendo hogar de palomas pese a amenazas

Las palomas del centro de Iguala, fauna tradicional del Zócalo y monumentos históricos, han sorprendido a ciudadanos y visitantes al adoptar una nueva estrategia de resguardo desde los cables de media tensión, protegiéndose de amenazas recientes y manteniéndose como parte viva del corazón urbano de la ciudad.
Una postal viva del Zócalo de Iguala
Durante décadas, las palomas del centro de Iguala han sido parte inseparable de la vida cotidiana. En el Zócalo, el monumento a la Bandera y las calles aledañas, estas aves han convivido con comerciantes, familias y turistas que, entre risas y fotografías, las alimentan y observan como un símbolo de tranquilidad urbana.
Sin embargo, en las últimas semanas, quienes caminan por la esquina de las calles Morelos y Aldama han notado algo distinto. Decenas de palomas ahora se concentran sobre los cables de media tensión, desde donde observan con atención el movimiento de la gente, esperando el momento exacto para descender y recibir alimento.
Este comportamiento no es casual. Se trata de una adaptación clara al entorno y a los riesgos que enfrentaron meses atrás.
El antecedente que cambió su comportamiento
A mediados del año pasado, ciudadanos del primer cuadro de la ciudad reportaron la presencia de una persona conocida popularmente como el “rob4palomas”, quien utilizaba redes para capturar a las aves en el Zócalo de Iguala. Esta práctica provocó una disminución visible en la población de palomas, generando molestia e indignación entre vecinos y visitantes.
“De repente ya no se veían como antes, daba tristeza venir al Zócalo y no escuchar ni verlas”, relató don Ernesto, vecino de la colonia Centro, quien desde hace más de 20 años acude diariamente a la plaza principal.
El impacto fue evidente: menos palomas, menos vida y una sensación de vacío en uno de los espacios públicos más representativos de Iguala.
Fauna urbana de Iguala: adaptación y resistencia
Hoy, la fauna urbana de Iguala da una lección de resiliencia. Las palomas no se fueron. Aprendieron. Desde lo alto de los cables, se mantienen fuera de peligro y bajan solo cuando el ambiente es seguro.
De acuerdo con comerciantes de la zona, el número de palomas comienza a incrementarse nuevamente. Aunque no existen cifras oficiales, la presencia constante de decenas de aves en el Zócalo confirma una recuperación gradual.
“Ahí están otra vez, más abusadas, pero aquí siguen. Ya son parte de Iguala”, comentó Marisela, vendedora ambulante de la calle Aldama, mientras observaba cómo los niños intentaban acercarse a las aves.
Las palomas del centro de Iguala no solo sobreviven: se adaptan, resisten y embellecen el paisaje urbano desde lo alto. En medio del ruido y el caos cotidiano, siguen recordando que la vida también se abre paso en el corazón de la ciudad. Pura neta, Iguala sin sus palomas no sería lo mismo.
