Omisión oficial agrava caos en calle Nabor Ojeda Iguala

La falta de control vial y comercial en la calle Nabor Ojeda Iguala, en el tramo de Obregón a Galeana, mantiene en riesgo permanente a peatones y consumidores del mercado municipal. La anarquía diaria, tolerada por autoridades, ya aleja a clientes y golpea la economía local.
Desorden vial frente al mercado municipal
Caminar por la banqueta en Nabor Ojeda se ha vuelto una maniobra peligrosa. Comerciantes —principalmente de ropa— invaden el paso peatonal y, en algunos puntos, el arroyo vehicular. El espacio se reduce a “estrechos” corredores donde cualquier descuido provoca conflictos.
“Uno va con bolsas del mandado y si rozas una prenda, te gritan o te quieren cobrar. Aquí ya no se puede caminar”, relató una compradora habitual del mercado municipal.
Taxis y urvans: anarquía sin control
El antiguo sitio de taxis “del mercado”, que antes operaba con orden y coordinación, hoy es sinónimo de caos. Unidades se estacionan en ambos lados de la calle y, en horas pico, incluso invaden Obregón. Hay conductores que, para evitar dar la vuelta, se echan de reversa, afectando la circulación.
A esto se suma el tránsito de urvans de ruta que batallan para avanzar por taxis y compañeros choferes que se estacionan en doble fila para ir a almorzar. El resultado: embotellamientos constantes y riesgo para quien camina.
Riesgo para peatones en Nabor Ojeda
La seguridad peatonal es la más afectada. Apartados de estacionamiento improvisados, locales extendidos y vehículos mal estacionados obligan a la gente a bajar al arroyo vehicular. No son pocos los casos de golpes con espejos retrovisores y agresiones verbales.
“Ya me pegaron con el espejo y todavía me gritaron que me subiera a la banqueta, cuando ni banqueta hay”, contó un adulto mayor que transita a diario por la zona.
Galeana, el punto crítico del caos
El entronque de Galeana con Nabor Ojeda concentra el mayor conflicto. Ahí confluyen taxis, urvans, comerciantes y peatones en un espacio sin señalización ni vigilancia efectiva. El impacto es parejo: comerciantes pierden ventas y consumidores optan por comprar en otros puntos de la ciudad.
Omisión oficial que se vuelve invisible
Pese a que autoridades competentes en vialidad y comercio pasan de manera frecuente por el lugar, el problema parece invisible. No hay operativos, reordenamiento ni sanciones. El desorden vial mercado municipal crece y la omisión oficial se traduce en riesgo diario.
Mientras no haya voluntad para ordenar Nabor Ojeda, la calle seguirá siendo un peligro anunciado. La gente solo pide lo básico: poder caminar sin miedo y rescatar al mercado municipal como un espacio digno para todos en Iguala.
